Siempre fui buena estratega, calendario en mano, al servicio de la metodología. Ahora mi competencia sólo se reduce al listado de tareas pendientes, eso sí, alfabéticamente ordenadas, enumeradas según la prioridad, catalogándolas por área de influencia, subrayando con colores el grado de dificultad… Y un sinfín de etiquetados que de nada sirven porque no me mueven a la ACCIÓN.
viernes, 4 de junio de 2010
Lucía el sol nuevamente en el horizonte de su vida. Ahora ya nada podía detenerla. Sacó sus tacones polvorientos, desde décadas guardados en el desván, les pasó con esmero el cepillo y se los calzó como un guante. Le resultaba asombroso que quedara alguna parte de su cuerpo sin modificar después de tantos años. Y que fueran precisamente sus pies los que conservaran el mismo estado, no ya sólo en tamaño, que es algo que por lo general queda definido una vez pasada la adolescencia, sino en volumen, textura y elegancia, significaba sin duda que aun estaban aptos para continuar el camino y conducir sus pasos con firmeza hacia una nueva etapa en su nueva vida.
Física y mentalmente Viridiana se había transformado en otra mujer. Poco quedaba ya de la tímida muchacha risueña, altruista e idealista que alcanzando la mayoría de edad se abandonó al sueño del amor del que no despertaría hasta pasados casi veinticinco años, tiempo más que suficiente para que la naturaleza de las cosas más ordinarias adquiera nuevas dimensiones y perspectivas. Pero no quería mirar atrás con tristeza…
Cada marca de su cuerpo, visible o no, escondía una experiencia, ya fuera de éxito o de fracaso, y en su conjunto la resultante conseguía la media de aprobado. Más si trataba los asuntos por partes prevalecían con diferencia las malas calificaciones, compensadas por el desarrollo brillante de algunas actuaciones. Aunque puso en todas ellas el máximo empeño, el máximo esfuerzo, toda su atención, no terminaba de comprender por qué siempre se le negaba lo mismo. ¡Cuánto hubiera deseado encontrar una explicación, un signo de evidencia que la eximiera del sentimiento de culpabilidad que le había acompañado todo este tiempo!
Se tomó su tiempo para reflexionar, ordenar sus ideas con el rigor que la caracterizaba, y luchando contra la fuerza de los sentimientos decidió poner fin a una situación insostenible que perjudicaba tanto su estabilidad emocional como mental. No era fácil de golpe romper con todo aquello en lo que había basado su existencia, abandonar los sueños proyectados y emprender el viaje sin retorno en busca de la felicidad.
Física y mentalmente Viridiana se había transformado en otra mujer. Poco quedaba ya de la tímida muchacha risueña, altruista e idealista que alcanzando la mayoría de edad se abandonó al sueño del amor del que no despertaría hasta pasados casi veinticinco años, tiempo más que suficiente para que la naturaleza de las cosas más ordinarias adquiera nuevas dimensiones y perspectivas. Pero no quería mirar atrás con tristeza…
Cada marca de su cuerpo, visible o no, escondía una experiencia, ya fuera de éxito o de fracaso, y en su conjunto la resultante conseguía la media de aprobado. Más si trataba los asuntos por partes prevalecían con diferencia las malas calificaciones, compensadas por el desarrollo brillante de algunas actuaciones. Aunque puso en todas ellas el máximo empeño, el máximo esfuerzo, toda su atención, no terminaba de comprender por qué siempre se le negaba lo mismo. ¡Cuánto hubiera deseado encontrar una explicación, un signo de evidencia que la eximiera del sentimiento de culpabilidad que le había acompañado todo este tiempo!
Se tomó su tiempo para reflexionar, ordenar sus ideas con el rigor que la caracterizaba, y luchando contra la fuerza de los sentimientos decidió poner fin a una situación insostenible que perjudicaba tanto su estabilidad emocional como mental. No era fácil de golpe romper con todo aquello en lo que había basado su existencia, abandonar los sueños proyectados y emprender el viaje sin retorno en busca de la felicidad.
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