PASO DE PEATONES
Tú sigue al hombre solo que cruza la ciudad,
el paso de peatones que siempre es un poema.
No lo pierdas de vista.
Quiere volver, pero no sabe cómo.
Quiere seguir, pero no sabe adónde.
Y se muerde los labios hablándole al vacío.
Puede que quiera todavía decirte que te ama,
que no ha aprendido aún a ser feliz.
O te hable de amor, del que vivisteis
tal vez todos los días, a esta misma hora,
el que no tiene nunca un mal principio,
el que a veces no guarda un buen final.
Y piensa en el adiós al despedir la tarde
como un pequeño faro contra la sombra entera,
porque el deseo es —ya lo oíste otras veces—
una pregunta cuya respuesta nadie sabe,
una falda de raso, un encaje de seda,
enjambre de antibélicas uñas negras y rojas.
Piensa en esto, tus ojos de juguete
y en tu húmedo traje, sentimental y roto:
tu desnudo sabiendo de la lluvia
más de lo que la lluvia sabía de sí misma
cuando una noche halló lo que buscaba
sin saber que buscaba.
Era el amor, lo que esperaba
sin saber que esperaba;
la noche más sencilla, con una voz pequeña,
a punto de cumplir los dieciséis,
la misma edad que entonces tenían mi poemas,
tan ligera de ropa lo mismo que la vida.
Y hondo es el carmín cuando te evoca
buscándote en las plazas y en las dudas,
como el cariz que toma este remordimiento
al besarte despacio —más despacio—,
besarte en el rincón más silencioso,
en una esquina, a solas, con la imaginación.
Porque tampoco ignora que hay noches imposibles,
se atreve a preguntar con los labios cerrados
por la calle cortada de los sueños
y tantos cuerpos que no podemos tocar,
tantas palabras que no sabemos decir:
“La vida antes de ti no parece la vida”.
Por eso es cruel besarte al mismo tiempo
que sabe del olvido sin una copa cerca,
sin nada que consuele su memoria,
nada más que la lluvia de repente,
mientras la vida silba y mira hacia otro lado.
Tiempo que no termina nunca.
No podrás evitar mientras te mojas
recordar cuántas veces te has sentido,
en una noche así,
______________igual que él.
Te veo bajar los ojos y en silencio
te oigo contar los pasos a tu casa.
No te pierdo de vista.
Alejandro Lérida


